Pablo10 Yoga
Del yoga más dinámico, retador y exigente al más restaurativo. Creo que entender los dos extremos es lo que de verdad te lleva al equilibrio, buscando en cada momento la toma de conciencia de lo que estás haciendo. Me gusta especialmente trabajar la biomecánica y el alineamiento.
Clases en Yoga NauéFormación 200HHola, soy Pablo Díez
Mi relación con el yoga nació en un momento complicado, hace ya más de 15 años. Una grave lesión de rodilla me dejó más de un año sin poder hacer vida normal y apenas caminar bien. Visité hasta cuatro traumatólogos y diferentes especialistas, y todos coincidieron: no volvería a correr ni a hacer rutas de montaña, las dos cosas que más me llenaban. Fue un golpe muy duro, no solo físico, sino también psicológico.
Años después puedo contarte que he hecho más de diez Caminos de Santiago, he vivido en los Andes peruanos y he atravesado los Annapurnas en Nepal. Todo esto gracias a integrar el yoga en mi vida.
A ese proceso físico se sumó una crisis larga y silenciosa, una sensación constante de que algo no encajaba y de que estaba viviendo una vida sin sentido. Ese malestar acumulado fue el verdadero punto de partida. No sabía hacia dónde ir, pero sí sabía que no quería seguir donde estaba. Movido por esa sensación tomé una mochila, un libro, un cuaderno y compré un billete de ida a la India.
Lo curioso es que no fue allí donde me convertí en profesor de yoga. Después de deambular por diferentes partes del mundo sintiéndome un turista vacío, todo cambió con la visita a Perú. Lo que iba a ser una escapada a Machu Picchu terminó convirtiéndose en un voluntariado en una escuela de yoga en pleno Valle Sagrado, en Cusco. Las dos semanas iniciales se convirtieron en seis meses transformadores.
En aquel lugar se vivía de forma sencilla, con lo imprescindible: energía solar, agua potabilizada del río, alimentos que cultivábamos nosotros mismos y una convivencia diaria con personas y profesores llegados de todas partes del mundo. Formar parte de las formaciones, tomar la mía propia y colaborar en el día a día de la escuela cambió mi manera de entender la práctica más allá de la esterilla.
Pasados los meses orienté mi camino hacia los yogas dinámicos: Hatha Vinyasa, Power Yoga, Ashtanga y Rocket Yoga, y tomé formaciones en todos ellos. Para alguien con un ruido mental incesante, estos estilos fueron el inicio de una calma real. En sus transiciones entendí que la actitud con la que vas de un punto a otro —una gran analogía de la vida— determina la calidad de tu recorrido. Por eso me enamoré de las transiciones, de los equilibrios y de la biomecánica.
Pero pronto comprendí que una práctica completa no se sostiene solo en el movimiento. Por eso profundicé también en Yin Yoga, yoga terapéutico, masaje tailandés, meditación y técnicas de relajación, tomando formaciones en todas estas disciplinas. Ese equilibrio aparece cuando acción y descanso dejan de competir.
Ahí está la clave de mi forma de enseñar: moverme entre los dos extremos y buscar el balance energético entre el yin y el yang. No venimos simplemente a hacer posturas, venimos a darles sentido.
En los últimos años el yoga se ha devaluado bastante, porque muchas veces se ve solo como una práctica de posturas atractivas y llamativas; quizá de eso tengan más culpa los yogas modernos. Pero la realidad es otra. Esas posturas se pueden trabajar, siempre que haya una toma de conciencia (dharana) de lo que estás haciendo. No se trata de hacer una postura bonita, sino de cómo la haces. Si no, simplemente estás alimentando tu ego, algo que por desgracia sucede mucho hoy en día.
El 1 de febrero de 2021 abrí Yoga Naué en Valladolid, el espacio donde cada día intento enseñar, seguir aprendiendo y acompañar a otras personas en su camino. Allí imparto clases regulares de diferentes estilos, talleres, retiros y la Formación de Profesores de Yoga 200H, y colaboro con profesionales y escuelas dentro y fuera de España.
Mi enfoque nace de algo sencillo: aterrizar aquello que tantas veces nos presentan como místico o inalcanzable y convertirlo en algo cercano. Yo no he inventado nada; solo comparto lo que he aprendido hasta ahora, sintiendo que aún me queda mucho por aprender.
Trabajo desde la filosofía de los ocho pasos del yoga, como ocho herramientas distintas para diferentes momentos de la vida. En mis clases intento explicar cómo funciona la mente, ayudarte a no identificarte con ella y a gestionar emociones a través de la práctica. Pero, sobre todo, cómo tus hábitos —lo que en yoga llamamos sādhanā— pueden acercarte o alejarte del camino que quieres recorrer. Porque para mí el yoga busca, principalmente, la toma de conciencia. Ahí empieza cualquier transformación real.
Del dinamismo a la calma
Del yoga más dinámico al más restaurativo: Power Yoga, Vinyasa, Hatha Vinyasa, Rocket Yoga, Balance e invertidas, y también Yin Yoga, yoga terapéutico y relajación. Me gusta especialmente trabajar la biomecánica y el alineamiento: entender cómo se mueve cada cuerpo para que la práctica sume, nunca reste.


Clases, formación y retiros
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